La manta atornillada

De un tiempo a esta parte vengo adoleciendo unos terribles y endemoniados dolores de cabeza y por más que me cuestione el origen de tan martilleante dolor no logro dar con la tecla. Lo que sí tengo claro es que cada vez que leo los periódicos se me agudizan más las punzadas. Y es que no soporto leer malas noticias. Hace muchísimos años que no leía titulares tan nefastos, opacos y nocivos como los actuales. Se me atraganta el paracetamol al ver la cara de Bárcenas con esa pose de soldado enterrado chino de terracota y ese pelo cano peinado para atrás , probablemente no oliendo a Brumel sino a crema hidratante de la Rosa de los Alpes. Él sólo es la muestra de un flamante book de personajes que aparentemente han medrado en la dificultosa tarea de la política, únicamente mostrando su inestimable valía y su infinita capacidad de alcanzar sus oscuros y perniciosos objetivos. Para llegar a esa empresa perfecta y obtener sus rutilantes y fastuosos frutos solo hay que tener unos cuantos requisitos, ser tesorero, cínico, tramposo y liante y del PP. Ni la mismísima Lisbeth Salander lo habría hecho mejor. Se me ocurren más candidatos para ilustrar este peculiar muestrario, pero hoy merecía estar en primeria línea de fuego este ínclito contable de un partido que dice que el que la hace la paga. No espero que haga un monólogo y describa con pelos y señales cada uno de sus escabrosos movimientos para obtener su suntuoso fin, ni tampoco que tire de la manta arrastrando consigo a toda una plantilla de supuestos secuaces o colaboradores de esa siniestra trama recaudatoria. No lo hará, a no ser que dé unas razonables explicaciones que agradarán sobre seguro a un escéptico y aséptico juez. Mientras tanto, la manta se atornilla.

Ya no hay Scrooges

Ya no hay héroes. Ni sonrisas, ni discos. Ya no hay cartas. Ni conferencias largas.

Ya no hay Wind of Change .Ni sellos, ni casettes, ni libros de pasta.

Ya no hay miradas amables , ni Ducados, ni gracias . No. No las hay. Ni almas cándidas.

Ni eso.

Ya no hay hadas. Ni conquistadores de almas. Mi infancia.

Sólo calles inundadas de seres inertes vacíos de magia.

Sólo el frío de mi Samsung en el bolsillo del Levi’s desgastado.

Sólo el paso sordo en el asfalto sucio y negro de la ciudad golpeada.

Ya no hay nada. Ya no hay Scrooges.