Que te vaya bonito

En las Nochebuena, Navidad, Año nuevo, se acostumbra a felicitar a la familia, amigos, compañeros de trabajo y hasta conocidos. Unos lo hacen por compromiso, otros de corazón y una gran parte ni lo uno ni lo otro, simplemente no felicitan. Una larga espera durante todo el año para que lleguen estas comprometedoras fechas porque van ser la prueba de fuego, de algodón y de conciencia de poner a cada cual en su sitio, o mejor aún, de saber con certeza si quienes conocemos y están en la cuerda floja, los que pasaron de refilón en nuestras vidas, incluso los que de alguna u otra manera compartimos más de una sonrisa, confidencia o incluso una botella de Ribera del Duero, se dignan a dar ese grandioso y costoso paso de acordarse de nuestra ínclita existencia.

Una espera el primer día y se mantiene con la esperanza ilusa de que si no ha sido un miércoles será el viernes, pero al ver que se han finiquitado oportunidades de poder haber sido elegidos para esas migajas de compromiso lastimero, queremos cerrar las navidades al vacío, precintarlas y guardarlas en el último cajón de nuestra memoria, esperando que en las próximas, las del año que viene, existan menos posibilidades de que se acuerden de nosotros. Fuimos estrellas por un día. Es mejor así, que vivir sumergidos en el maravilloso encanto de la hipocresía. Que les vaya bonito.