Frases consolatorias

De nada sirven los buenos deseos y la buena voluntad viniendo de los que pueden hacer mucho y no hacen anda. Se muestran impávidos, estáticos y ausentes, alejados de una realidad circundante desoladora y terrible que envuelve a cada uno de nosotros. Detrás de cada ventana hay una vida, y detrás de casa vida un historia.  Ellos, los que mandan están agazapados en máscaras de carnaval veneciano, se muestran esquivos pero a la vez transpiran un aire de presunción dionisiaca que los trastoca haciéndoles creer  sus propias falacias.  Han perdido el rumbo y chocan entre sí como pájaros desbandados culpando a los desprotegidos, a los débiles  y a los agraviados. O sea, a la inmensa mayoría, como diría Otero. Nosotros, los castigados, repudiados y dolientes, los que sufrimos esta muerte agónica de derechos, democracia e ilusión, nosotros,  los fusilados en un olvido perpetuo de ellos, los de arriba, los que nos miran desde su cúspide de oro con un catalejos difuso y manchado de tinta azul, no ven  nuestras lágrimas, que preferimos tragárnoslas a desparramarlas para que otros las recojan. Todavía hay dignidad, otros lo llamarían espíritu de lucha, honor algunos, coraje digo yo. Aún existe  una fuerza totémica que nos inspira un brutal impulso para poner pie en pared y decir basta. Nuestra bestia ha despertado.

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