TODO ATADO

Así son las cosas. Margot siempre iba a contracorriente. En vez de apropiarse de una bonita casa a las afueras o de un piso reformado en el centro de su ciudad, ella vivía de alquiler cada año en  un barrio diferente. Para qué comprar libros y acumularlos  en viejas estanterías, si existe  la posibilidad de pedirlos prestados en la biblioteca municipal. Ella nunca hace planes, siempre responde a cualquier proposición que se le sugiera, ­ya se verá­, es su expresión más consabida. Le aterra tener su vida precintada, programada en una hoja de excel, dice que los que son así de cuadriculados son unos egoístas, porque esperan que el resto de gente se amolde a sus minuciosos y milimétricos planes, diseñados con miles de años de antelación. Tampoco sabe lo que quiere, una vez le pregunté la causa  de esa  inseguridad y me contestó que no soportaba a los que tienen todo tan nítido en su cabeza, ­son unos presuntuosos­, me lo espetó mientras fumaba un cigarro  a eso de las cinco de la mañana en la puerta del Bristol, ­un bar  emblemático con las puertas y las paredes pintadas de negro, un antro muy macarra que ya no existe­ ¿Y qué piensas  del amor Margot? , ahí ella llevaba tres gin tonic encima. ­¿Qué pienso? ¿De verdad lo quieres saber?. Mira, Bogdan,  yo no soy atávica. Tan solo los jueves­. Tiró la colilla al suelo y entró de nuevo al local a escuchar Rock and Roll Star.

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